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Victoria sobre la depresión

Publicado por: admin on Thursday, 23 April 2009Sin Comentarios

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Por Jorge Himitián

 

Cuando viene un quebranto interno prolongado y doloroso, la causa más común es nuestra debilidad interior. Las presiones externas son apenas el detonante.

 

Cuando los pensamientos mentirosos y los sentimientos contrarios a Dios aumentan demasiado, provocan depresión en muchas personas, especialmente cuando les toca soportar presiones, tensiones o gran cansancio. En esas condiciones, al pasar por situaciones difíciles, como pérdida de un ser querido, enfermedades, accidentes, quebrantos económicos o fracasos, caen en la depresión.

 

Todos alguna vez pasamos por depresiones fugaces que carecen de importancia, que ceden con algún buen consejo o una palabra de aliento. No me refiero a ese tipo de depresiones, sino a las provocadas por las fortalezas interiores, que sumadas a las presiones exteriores, llevan a un quebranto interno prolongado.

 

La grieta es la debilidad interior

Es este caso, el factor determinante lo constituye la debilidad interior; las presiones externas actúan solo como detonantes. / Porque las fortalezas que edifica Satanás no son otra cosa que debilidad espiritual en nuestra vida./ En cambio, la fortaleza que viene de Dios equivale a la debilidad del diablo en nosotros. Así que, o Satanás coloca fortalezas de mentira y de destrucción en nuestro interior, o Dios fortalece por su Espíritu y su Palabra nuestro ser.

 

Los deprimidos, según el lenguaje bíblico, son los “quebrantados de corazón”.  En Isaías 61.1 leemos: “Me ungió Jehová; me ha enviado a… vendar a los quebrantados de corazón”. Y el salmista señala: “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí?” (Salmo 42.5).

 

Los siguiente párrafos del libro Dígase la verdad arrojan luz sobre el asunto.

 

“Los antiguos padres de la iglesia tenían otra palabra para la depresión. La llamaban pereza…, la aflicción del corazón y la falta de disposición para enfrentar cualquier actividad que requiera esfuerzo.

 

Hoy en día no describimos en los mismos términos a la depresión. ¿Qué es realmente la depresión? Se la puede describir desde varias perspectivas. Si observas tu estado bioquímico cuando estás deprimido, tu metabolismo, la conducta de los músculos lisos y las glándulas, verás que no solo tu conducta verbal y motriz es la que tiene síntomas depresivos.

 

Generalmente la depresión ocurre por algún motivo. La mayoría de las creencias erróneas que producen depresión entran en la corriente del monólogo interno después que ha habido una pérdida.

 

Muchas veces el paciente no puede explicar por qué está deprimido. No sé por qué me siento así –suele decir- Sencillamente siente que no puede hacer absolutamente nada. No tengo ganas de hacer nada. Y lloro todo el tiempo. No duermo bien, no tengo energía ni interés en nada… no sé por qué… Generalmente terminan con una voz tan débil que se pierde, suspiran, se hunden en el asiento y simplemente se quedan mirando el piso.

 

“Es mucho para mi”

A pesar de la falta de habilidad del deprimido para explicar por qué ha llegado a este estado, es extremadamente raro que la depresión se produzca sin una causa especial. Las creencias erróneas que provocan la depresión pueden ser activadas por un solo hecho. Un hecho que represente una pérdida: Alguien querido se va o muere. O pueden ser dificultades económicas o pérdida de dinero. Una enfermedad física, la edad, un accidente, un ataque al corazón o la pérdida de la fortaleza física. La separación y el divorcio son frecuentes causas de depresión, y otras situaciones que también provocan el rechazo, el temor, el autodesprecio. Cualquiera de estas situaciones pueden ser una oportunidad para que el diablo infiltre algunas sugerencias en el monólogo interno.”

 

La depresión por lo general se expresa en términos de desprecio por uno mismo y subestimación. El depresivo tiene una imagen negativa de sí. “No puedo más, es mucho para mí”. Mira con desesperanza su futuro. Su pensamiento dominante es: “Esto no tiene solución”. Cuando alguien todavía guarda esperanzas, se aferra a alguna posibilidad de salida, pero si las ha perdido totalmente acepta en su mente esta otra mentira del enemigo, que termina de derrumbarlo: “Esto jamás tendrá solución”.

 

Dentro del sector de la población que padece de depresiones, algunos pocos llegan al suicidio a causa de su estado de angustia. Pero  la mayoría sale de la fase aguda después de algún tiempo, tal vez meses, tal vez años. Algunos lo logran con ayuda médica o psicológica. Otros, sin ella. Es como si se cumpliera un ciclo y la situación entrara en un estado de alivio. Salen del cuadro agudo para volver a la zona de las fortalezas, donde se han movido la mayor parte de su vida. Es decir, dejan el momento crítico pero no alcanzan la superación completa del problema. Fuera del Señor no se da una solución de fondo. Pero en Dios sí.

 

Las agujas del auto

Comparémoslo con uno de los instrumentos que controlan el correcto funcionamiento de los distintos sistemas de un automóvil (la presión del aceite, la temperatura, y otros).

 

La aguja señala el punto anímico y espiritual en que se halla la persona.

 

La zona roja indica un estado de depresión aguda. La zona gris señala el área de las fortalezas: no se trata de una situación de depresión intensa, pero tampoco de alivio total. La zona blanca es la de la libertad.

 

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. (Juan 8.32)

 

Esta es la posición a la que el Señor nos quiere llevar. Pero aun más. Existe la zona dorada, la de la gloria, la del gozo inefable de Dios. Y allí podemos llegar porque el Señor se propuso hacer una obra completa y poderosa en nosotros. Él anhela hijos radiantes, que reflejen el brillo de la vida plena de Cristo en ellos.

 

El Señor quiere sacarnos de la zona roja, llena de peligros. Quiere librarnos de la zona gris de las fortalezas, en la que hemos permanecido por años. Y llevarnos a la zona blanca de la libertad; para que podamos acceder finalmente a esa zona dorada y brillante, la zona de su gloria derramada sobre nuestra vida. Cristo se propuso tener una iglesia gloriosa.

 

San Pablo dice: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas  en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levantan contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

 

¡Contamos con recursos tremendos!

Contamos con armas poderosas, no tenemos por qué afligirnos. No es preciso hacer la historia larga, analizando piedra por piedra.

 

¡No! No tenemos que revolver en nuestro interior, en nuestros recuerdos del pasado y hacer una regresión. Solo precisamos una cosa: conocer la verdad. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Las armas de Dios son poderosas para derribar de una vez cualquier fortaleza, cualquier muralla edificada dentro de nosotros. Lo que a Satanás le llevó años construir, cae bajo una sola andanada de la verdad de Dios.

 

Necesitamos escuchar las verdades del Señor como si fuera la primera vez, y creerlas.

 

Jeremías relata:

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”. (Jeremías 1.4-10)

 

 En el último versículo aparecen seis verbos. Los cuatro primeros tienen una connotación negativa: arrancar, destruir, arruinar y derribar. Los dos últimos, positiva: edificar y plantar.

 

/ Eso es precisamente lo que Dios desea hacer. Quiere arrancar y destruir toda mentira, toda fortaleza./ Arruinar y derribar todo argumento, toda altivez, todo sentimiento contrario a Dios. Y en su lugar edificar y plantar la verdad.

 

Y todo esto se opera simultáneamente. La misma verdad que destruye la mentira, libera y edifica nuestro ser interior.

 

Hay verdades claves que debemos conocer, y son suficientes para derribar cualquier fortaleza si las creemos y damos lugar a la acción del Espíritu Santo.

 

Rechazar en el nombre de Jesús

Jesucristo nos conoce y nos ama. Quiere nuestro bien. Necesitamos invocar su nombre y pedirle que nos dé la victoria; y él derribará toda fortaleza por su Palabra. Precisamos rechazar y resistir toda obra del enemigo en el nombre de Jesús; decirnos la verdad y guiarnos por ellas y no por nuestros sentimientos.

 

Tomado del libro: Sanos por la Palabra

Autor: Jorge Himitian

Editorial: LOGOS

 

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