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Una iglesia en medio de la nada

Publicado por: admin on Wednesday, 22 April 2009Sin Comentarios

iglesia-reykjanesEste es un extraordinario caso de obediencia a Dios. Muchos pastores buscan los lugares más céntricos y estratégicos para levantar sus templos. Este siervo entrerriano, siguiendo la voz de Dios, dejó la comodidad de una vida muy próspera en la ciudad de Paraná y abrió su iglesia en el medio de la nada. Sin luz, ni agua, ni gas, rodeado de montes y sin vecinos por varios kilómetros.
No se pierda esta historia de fe.

Si alguien puede dar una definición exacta del significado de las palabras “compromiso, consagración, entrega y servicio”, nadie mejor para ello que el matrimonio conformado por Mirta Dalinger y Ernesto Jacobi.
Padres de tres hijos y abuelos de cinco nietos, los Jacobi residían en años pasados en el centro de la ciudad de Paraná. Habitaban un séptimo piso en uno de los más lujosos edificios de la ciudad a solo una cuadra de la peatonal. Eran miembros de la iglesia Evangélica Congregacional y disfrutaban de mucha comodidad y de los beneficios que un buen pasar económico y una activa vida social les brindaba.
Luego de pasar por algunas situaciones difíciles en su vida, los designios de Dios los llevaron a tener un encuentro poderoso con una Persona a quien aunque eran cristianos aún no conocían: La preciosa Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo de Dios.

Dios comienza a mover las piezas

Un día (hace ya 12 años de esto) mientras visitaba unos campos que poseía en el centro de la provincia de Entre Ríos, Ernesto escuchó la voz de Dios que le dijo, “yo estoy cantando sobre estas tierras, y tú serás mi atalaya”. (Atalaya significa torre de vigía)
Por esa causa decidió radicarse definitivamente en aquel lugar, un campo ubicado en colonia Mojones Norte, en el departamento Villaguay, exactamente en el centro de la provincia de Entre Ríos.
Una zona casi desolada, rodeada completamente por montes espesos y sucios. Ubicada a 60 km. de la ciudad de Villaguay hacia el sur y otros 60 km. de la ciudad de Vobril hacia el norte. Internados 15 km dentro mismo del monte y con mucha distancia a recorrer para llegar a la ruta más cercana.
Sin luz, sin agua, sin sus amados hijos que debieron quedarse con tíos y abuelos con el fin de completar sus estudios, con la sola compañía de animales y pájaros y el cause del Río Gualeguay y un arroyo que circunda su propiedad impidiendo que haya vecinos por varios kilómetros a la redonda, Ernesto y Mirta se encontraron infinidad de veces haciéndose una pregunta que por mucho tiempo quedó sin responder: “¿A qué nos trajo Dios aquí?”.

La escuela de Dios

No vamos a contar las innumerables luchas que hubo en el camino. Nos es imposible plasmar en un solo artículo las múltiples batallas, internas y externas, que debieron enfrentar y resolver.
Pasaron más de cinco años antes de que realmente comenzaran a verse frutos.
/ Ante la pregunta ¿Cuál fue su mayor lucha, su mayor dificultad? Ambos contestaron sin vacilar: “La espera…sin ninguna duda, la espera”. /
Sin embargo no fue sino en ese tiempo de espera que vivieron las más bellas experiencias con el Señor. Pudieron sentir y reconocer Su presencia en forma especial sobre ellos, pudieron oír su voz y aprender de primera mano las cosas acerca del Reino, los “tesoros escondidos” que les son revelados solo a quienes persisten en golpear sus puertas, a quienes aprenden a clamar y esperar solo en Él.
Fueron años duros y difíciles pero también los mejores años de preparación para la tarea que Dios tenía para ellos.
Mirta (una mujer culta y delicada) debió cambiar, sin esperarlo y sin desearlo, las relaciones sociales y el medio en el cual se movía en el centro de la ciudad. Por la incomodidad del campo y, peor aún, por las dificultades del monte, un lugar agreste y sucio en donde debieron hacer todo, absolutamente todo para poder vivir, desde construir los caminos hasta limpiar los campos, desmontarlos y sembrarlos, como también infinidad de tareas más que codo a codo llevó a cabo a la par de su esposo.
Regaron aquellas tierras con lágrimas y clamor anteponiendo a cualquier cosa el plan de Dios para sus vidas, el cual no les había sido revelado aún.

Los primeros frutos

Pasaron casi seis años antes de que los primeros frutos comenzaran a hacerse visibles.
Pegadito al ranchito de don Cirilo Altamirano y Ramona Sabina Páez, / debajo de un frondoso árbol, se iniciaron las primeras reuniones donde se predicó la Palabra de Dios / a todos los lugareños que tuvieran ganas de escuchar.
El apasionado espíritu de Ernesto y la capacidad de enseñanza de Mirta, junto con la presencia poderosa del Espíritu Santo, hicieron la plataforma perfecta para que la obra, que ya se estaba gestando en lo secreto, comenzara a tomar forma y se hiciera pública.
Pronto se corrió la noticia y de todos lados de entre el monte comenzaron a llegar familias enteras buscando alimento espiritual.
Algunos venían desde el otro lado del río, así que cruzaban en canoa en tiempos de creciente y hacían caminando los 15 kilómetros que distaban de la iglesia. Otros salían a pie desde sus casas a las cinco de la mañana para llegar a tiempo a la reunión de las nueve. Algunos llegaban en moto desde 50 kilómetros de distancia; cada uno y cada cual como le era posible se las ingeniaba para estar allí a la hora indicada y recibir lo que Dios tenía para ellos.

¡Por fin un techo!

Pasaron tres años y medio debajo de aquel árbol cubriéndose con mantas en días de invierno, o dentro de un ranchito con grandes agujeros en el techo. No obstante fue también en aquellos tiempos en los cuales la presencia del Espíritu Santo se derramó de una forma tremendamente poderosa.
Poco a poco el paciente trabajo de Ernesto y Mirta fue haciendo mella en la vida de los colonos, quienes comenzaron a mostrar con sus hechos, en su vida cotidiana, los cambios que Dios estaba haciendo en su interior.
Con el tiempo compraron esa misma propiedad en la que comenzaron debajo del árbol, dos hectáreas de tierra en donde con sus propias manos, preparando la madera y juntando paja para el techo en la costa del río Gualeguay, construyeron un hermoso quincho de 10 metros de ancho por 30 metros de largo, que por ahora hace las veces de templo hasta que se construya el verdadero que están planeando con capacidad para dos mil personas.
Una tarea integral

Allí cada semana se enseña, no solo la Palabra de Dios sino que los Jacobi están llevando a cabo una tarea integral para con los lugareños, anexando proyectos de enseñanza en diversas áreas, para llevar a cabo micro emprendimientos que incluyen siembra y cosecha de ajos, plantaciones de higueras con el objetivo de elaborar y comercializar sus frutos, siembra, cosecha y elaboración de la planta de estebia (edulcorante natural con gran posibilidad de comercialización) todo con la finalidad de enseñar, preparar  a los colonos y educarlos para que salgan capacitados en distintas áreas laborales.
Cada vez que había mal tiempo y llovía mucho se enfrentaban a un  problema, el río crecía tanto que no se podía cruzar y les cortaba la iglesia por la mitad. En esos casos muchos de sus miembros quedaban aislados sin posibilidad de reunirse a menos que siguieran usando el viejo método de la canoa, pero eso es algo complicado ya que cada vez son más los habitantes del otro lado que quieren venir a la iglesia. Pronto Ernesto encontró una solución práctica al problema: compró un terreno del otro lado del río y en épocas de lluvia transita más de 100 kilómetros cada semana en su camioneta para llegar hasta ellos a través de la ruta  y llevarles la Palabra a pesar del cause torrentoso del Gualeguay.
Por aquellos tiempos y con el objetivo de que nadie quedara sin escuchar el Evangelio por causa del mal tiempo, instalaron una emisora cristiana en su propiedad que trasmitía durante todo el día y a la que también atendían solo ellos dos.
Paralelamente al crecimiento de la membresía comenzaron a salir a luz los dones de las personas y pronto se formó una orquesta que se llama “Mensajeros del Señor”, quienes no solo ministran en los cultos de alabanza sino que sirven de apoyo a campañas evangelísticas en otras iglesias que los soliciten.
Así es como han recorrido la provincia de Entre Ríos con esta tarea y también la han trascendido hasta llegar en una ocasión a la provincia de Tucumán.
En los cultos se puede apreciar gran variedad de música popular típica de las zonas rurales como chamamé, chamarritas, rancheras y polcas, todas con letras de adoración y alabanza de las cuales son, además, autores.
Demás está decir que el gozo, el regocijo y la algarabía abundan en dichas reuniones, sin por eso dejar de percibir un enorme sentido de adoración y una gran presencia de Dios.
En el frente del salón sobresale un carel que dice “Jesucristo, Rey de Gloria, Gracias a ti…” en cuya parte inferior se puede leer “Bendecidos, Prosperados y en Victoria”, nada más es suficiente con pasar por allí unas pocas horas para comprobar que esta es una irrefutable verdad.

Capacitarse es prioridad

También se extendieron en el área espiritual y presentaron nuevos desafíos a su comunidad ya que en este momento funciona en la iglesia una escuela bíblica por extensión perteneciente al Instituto Bíblico Río de La Plata del cual Mirta es tutora y profesora titular.
También se han enviado jóvenes a la ciudad de Paraná a prepararse en áreas de música y computación, siempre con la visión de crear escuelas de capacitación para enseñar a los habitantes del lugar a prepararse en estas áreas específicas.
Se han realizado innumerables tareas sociales, ya que han regalado muebles (fabricados por sus propias manos) a escuelas de la zona, comisarías, y sala de primeros auxilios. A una escuela la han amoblado totalmente.
En las próximas vacaciones 2009 se proyecta tener escuelas bíblicas de vacaciones en establecimientos educativos seculares para lo cual se están preparando maestras misioneras.
Los sábados por la tarde, entre otras actividades se lleva a cabo la de los “Exploradores del Rey”, un grupo de niños con los cuales se trabaja en tareas de supervivencia, se les enseña el valor del servicio, la educación y la higiene entre otras cosas, pero por supuesto, con el ingrediente infaltable de la Palabra de Dios.

Todo lo piensan en grande

Hay hermanos que viajan largas distancias para estudiar en el Instituto por la mañana y se quedan a la reunión de la tarde, muchas veces compartiendo solamente mates al mediodía.
Además, se han realizado allí eventos de gran trascendencia espiritual con líderes reconocidos, apóstoles y profetas de nivel nacional que han reunido siervos desde diversas partes de la provincia y que han tenido más de un día de duración.
/ Por esta causa se halla en plena construcción un hotel de dos pisos / que incluye un enorme comedor en planta baja, más distintas dependencias como cocina, baños, dormitorios etc. Una vez terminado, sus dimensiones sumarán un total de 516 metros cuadrados cubiertos en planta baja y 216 metros cuadrados en primer piso.
Todos los materiales se compran con los diezmos y ofrendas de la gente, y son ellos mismos quienes realizan la tarea de construcción.

Se oyó el canto de Dios

Probablemente usted se esté haciendo la siguiente pregunta en estos momentos:
“¿Dónde se está llevando a cabo todo esto?”
Pues yo le respondo: En el centro de la provincia de Entre Ríos, en el medio del monte, en un lugar donde solo hay caminos de tierra. De donde no se puede salir por largas temporadas en invierno. En una zona habitada mayormente por gente humilde, leñadores, hacheros y peones de estancia.
Pero donde se oyó el canto de Dios y hubo un par de sus hijos que fueron lo suficientemente sensibles como para escucharlo y estuvieron dispuestos a danzar a su son.
Cuando le pregunté a los Jacobi ¿Qué esperan para el futuro? Una catarata de proyectos comenzó a fluir como respuesta. Su mente bulle de ideas, proyectos y visiones mientras su corazón arde de amor por el Señor y compasión por todas esas personas sobre quienes Él les ha puesto.
Pero entre muchas, sobresalieron las siguientes respuestas: Crecer, levantar los cinco ministerios dentro de la congregación y extenderse, extenderse más y más, abrir obras y dejar pastores, siempre con visión en el campo entrerriano hasta llegar al río Guayquiraró en los límites con Corrientes, y…¡Sabe Dios hasta dónde más!

Si usted todavía no sabe el verdadero significado de las palabras compromiso, consagración, entrega y servicio, le propongo que haga una cosa.
Olvídese de su comodidad, renuncie a todo lo que posee, sáquese la ropa fina y delicada, intérnese en el monte entrerriano y vea a los Jacobi, quienes, con su natural calidez humana, con una sonrisa amable, y probablemente sin contestarle nada…le sabrán trasmitir de qué se trata.

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