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No hay que matar a los heridos de guerra

Publicado por: admin on Wednesday, 22 April 2009Sin Comentarios

soldados_estadounidenses_heridos_mosulGeneralmente los hispanos tendemos a polarizarnos: algunos confunden misericordia con una actitud de cubrirlo y ocultarlo todo. Otros aplican tanta rigidez que terminan destruyendo al herido.

Por: Alberto Mottesi

De acuerdo a como el pueblo de Dios establezca hoy sus patrones de comportamiento, de la manera como la iglesia mantenga los estándares de ética en la vida de sus líderes, y de la forma como actúe frente a sus dirigentes caídos, así será la vitalidad de la Iglesia en los días que vienen.

Generalmente los hispanos tendemos a polarizarnos: algunos confunden misericordia con una actitud de cubrirlo y ocultarlo todo. Otros aplican tanta rigidez que terminan destruyendo al herido.

El propósito bíblico de la disciplina no es el castigo hasta la destrucción del caído, sino la restauración del que ha pecado. La restauración de un líder no es diferente a la de cualquier pecador. Tiene que ir a la cruz. Allí hay perdón, reconciliación y libertad.

¿Incluye esto restauración inmediata a su servicio público?

Algunos dicen frente a líderes caídos: “Oh, su ministerio es tan importante; él ha ganado tantas almas. ¿Cómo podríamos perder su liderazgo? Si él no está allí, esa obra caería al suelo”.

¿Sabe una cosa? Dios no necesita de ninguno de nosotros.

Es nuestro privilegio servir al Señor y la única forma de hacerlo es sujetándonos a sus patrones de comportamiento.
Si es una obra de hombre, se caerá al suelo. Si es obra de Dios, no hay tormenta que la pueda destruir.
La restauración involucra la reconstrucción del carácter del líder y esto requiere tiempo.
El pecado destruye el carácter.

¿Cuánto tiempo se requiere en el proceso de disciplina?
Lo largo y complicado del proceso de restauración está en relación directa con la naturaleza del pecado y la extensión de tiempo en que ha sido practicado.

¿Impuro o inmoral?
¿Fue una caída aislada? ¿O es un líder que hipócritamente ha vivido en pecado por largo tiempo? ¿Hablamos de un líder impuro, es decir alguien que ha dado lugar en su mente y carácter a lo sensual, y se ha permitido mirar, pensar y hablar de lo impuro, o hablamos de un líder inmoral, es decir, aquel que de la impureza saltó a la consumación práctica de lo inmoral?
Lo repito: la restauración involucra la reconstrucción del carácter del líder y esto requiere tiempo. El pecado destruye el carácter. Líderes que abusan de su poder y posición, sin darse cuenta, van sufriendo una transformación. Sin darse cuenta van creyendo sus propias mentiras, van auto-cegándose y sus corazones se van endureciendo.

Mientas más hayan desarrollado ese espíritu no sujeto a la santidad, más largo es el proceso de retroceso y sanación.

¿Qué situaciones se presentan cuando un líder peca?

Pierde la confianza de su familia, de sus compañeros de ministerio, del pueblo de Dios y del público en general. Pierde credibilidad.

Desata espíritus de lujuria y abre la puerta para que otros se desabarranquen en más pecados de la carne.

Si el pecado sexual lo hace consumar con una ramera, lo coloca bajo la autoridad de ella. 1 Corintios 4.15-20.

¿Qué incluye el proceso de restauración?

Admitir el pecado cometido. Salmo 32.3-5. Aquí se describe la relación directa entre confesión y perdón.

La confesión primero es con Dios. Luego es frente a la congregación. 1 Timoteo 5.20
Los lideres renunciamos a nuestro derecho de privacidad cuando aceptamos el llamado del Señor.
Nuestras vidas tienen que ser ejemplo de lo que enseñamos.

Renunciar al pecado. Proverbios 28.13.

Colocarse bajo la guía de otros líderes.

Un corazón endurecido impide la recuperación. Un hombre quebrantado y sujeto a otros hombres de Dios facilita el trabajo de Dios en su vida.

Confesar y restituir a las personas afectadas.

Revelar frutos de verdadero arrepentimiento.

Hoy, cuando se habla de esto, hay quienes enseguida dicen: “Fíjense en David. El continuó reinando después de su pecado”.
Se olvidan que:

El infante murió.

David testifica de haber pasado por lo menos un año en agonía.

Su casa se cayó desde ese día en adelante.

La gloria de los años de su liderazgo nunca más reapareció.

¿Qué pautas seguir para establecer la duración del proceso de restauración?

Evitar la preocupación por regresar demasiado pronto a la posición pública.

Examinar a fondo la herida producida: en el líder, en su familia, en su pueblo, en su comunidad y en otros, muchas veces inocentes, que han sido dañados.

Evitar la manipulación del líder sobre sus seguidores.

No importa el tipo de gobierno de una iglesia. La Biblia muestra que todo ministerio es confirmado por un presbiterio.
Un grupo de ancianos que:

Cumplan con los requerimientos bíblicos de carácter y conducta.

Se comprometan a seguir el patrón bíblico de santidad y sólo endosen a quien también se comprometa.

Conclusión
En medio de tantas inmoralidades, creo que en el cuerpo de Cristo deberíamos enfatizar en más medicina preventiva que curativa:

Los líderes necesitamos más el espíritu de José. Tenemos que aprender a salir corriendo aunque quedemos como tontos según el mundo, pero sabios según Dios.

Los líderes tenemos que tener sumo cuidado en el trato con el sexo opuesto. Expresiones de cariño, visitas a mujeres solas, consejería a solas, a mujeres que traen su dolor por una mala relación matrimonial, son puertas abiertas a situaciones peligrosas de tentación.

Los líderes debemos exigirnos a nosotros mismos una norma alta de santidad.

Un líder que no paga sus deudas no puede pararse a enseñar a otros.
Un líder que no guarda pureza sexual no debe ocupar el púlpito.

Los líderes debemos estar sujetos a otros líderes. El exceso de independencia es contrario al espíritu bíblico.

Evangelistas que no rinden cuentas claras de las finanzas de sus ministerios, que no son miembros de una iglesia local, que no tienen un gobierno encima de ellos, no son dignos de ocupar los púlpitos de nuestras iglesias.
Pastores no sujetos a otros ancianos en la familia de Dios, son potencialmente peligrosos.
Rendir cuantas es parte del plan de Dios y nos ayuda a desarrollar un ministerio sano y equilibrado.
En los labios de todo aquel que quiera servir al Señor, tienen que estar las palabras de Jesús: “Por ellos yo me santifico a mí mismo”.

Tomado de la revista: Apuntes pastorales, 1994,
Volumen XI Nª 6

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