Manejarnos sabiamente con la gente
Con una larga experiencia en el pastorado junto a su esposo Juan, la autora despliega en esta nota un enorme caudal de sabiduría y prudencia en el difícil campo de las relaciones interpersonales.
He aprendido a no tener altas expectativas en la gente, y no deseo que ellos tengan expectativas inalcanzables sobre mí. Somos humanos, conflictivos, inmaduros.
Aprendí (un poco tarde) a poner límites a las personas que no desean cambiar, cuando yo puse todo de mi parte… A no condenarme cuando la gente nos abandona, buscando nuevos horizontes.
Confieso:
No creo 100% cada elogio
No creo 100% cada crítica
/Mientras estemos en este planeta, no existe la fidelidad absoluta. /Todos cambiamos. La edad nos cambia (a algunos para bien, a otros para mal), como también las pruebas, las enfermedades. A veces avanzamos y, de repente, retrocedemos. Somos fluctuantes. Nuestro ánimo ambivalente nos juega malas pasadas. Menos mal que entre tanta lucha emocional tenemos un Norte seguro: la palabra de Dios, la cual nos enseña a obrar bien, a entregar las cargas al Señor.
Él me ama a mí y ama al otro. Tiene un plan para mí, y también para el otro. Tiene un corazón de papá que resuelve los problemas “entre hermanos”. Mi deber es no dejar brechas en el cuerpo de Cristo. El dolor nos hace ver sin objetividad. Y siempre es peligroso generalizar.
“Estando afligido en gran manera, dije apresuradamente: todo hombre es mentiroso”
(Salmos 116:11).
Mentiras del enemigo
La herida hace que el corazón se cierre al amor y que llegue a la conclusión fatal: Todos son iguales. Ya no confío en nadie. Voy a salir sola de esta. No los necesito. Son todos un fraude.
Esas son mentiras de Satanás. No todos son malos. No todos son ingratos. Jesús no dijo: “Todos los samaritanos son un caso perdido”. Buscó otro hogar donde posar. Si obras bien…
“Dios exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía”
(Salmos 37:6)
Reflexione seriamente sobre el siguiente pasaje:
“…Los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de sus casas, y habla el uno con el otro…
Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halago con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.
Y he aquí tu eres a ellos como canto de amores, hermoso de voz y que cantas bien; y oíran tus palabras, pero no las pondrán por obra.
Pero cuando ello viniere (y viene ya), sabrán que hubo profeta entre ellos”
(Ezequiel 33:30-33)
Pueden murmurar, burlarse o ignorar tus enseñanzas. Persevera a tiempo y fuera de tiempo, como aconsejaba San Pablo. Pueden adularte, como a Ezequiel, sin estar dispuestos a obedecer. Pero un día tu vida será una evidencia eterna ante el tribunal de Cristo. / Si hiciste todo lo que estaba a tu alcance por ayudarlos y no se ven buenos resultados, sé libre, sigue adelante. / El trabajo de transformar los corazones le corresponde a Dios, en la medida en que el hombre responda.
¡Lo que yo tenía era rabia!
Día lunes… ya sabes lo que significa. Has estado llena de actividades, con tu familia entrando y saliendo. Estas juntando medias, colgando corbatas, limpiando, ordenando… Y, como valor agregado, te enteras de que una familia se fue de la iglesia muy ofendida. Supuestamente, no los habíamos atendido como se merecían.
El diablo me hacía recordar todo lo que habíamos hecho por ellos cuando habían venido destruidos, en el más amplio de los sentidos. Les dimos desde lo material hasta la confianza para que trabajaran activamente cuando estuvieron restablecidos…
Realmente, me iba subiendo la ira (y no era santa precisamente). Me daba bronca la situación. Y los únicos beneficiados por mi rabia eran los pisos de parquet (de madera). Les sacaba brillo al pulirlos con tanta fuerza.
Creo que en mi imaginación los estaba ahorcando o pisando… ¡Sí, a los hermanitos! ¿No te dieron ganas alguna vez?
A veces me hace bien amasar, hacer ñoquis… Es como “volcar la energía negativa y transformarla en positiva”.
Cada una debe saber cómo encauzar la ira positivamente, como dicen los psicólogos.
Pasó una hora, y una preciosa hermana y amiga, Salomé, me llama de los Estados Unidos, preguntándome si estaba triste o si me pasaba algo malo, porque el Espíritu Santo le había dicho que orara por mí, y percibía que había pena en mi corazón (no era pena, ¡era RABIA!).
Me dijo, muy sentida: “Te quería agradecer por toda la inversión que hiciste en mi, por tu tiempo, tus cartas, el cuidado de mi hija. Tengo mucho de vos en mi vida, he incorporado tus enseñanzas a mi mente, he tomado tu ejemplo en muchas actitudes y decisiones en el ministerio”, etc., etc.
¿Casualidad? No creo. Dios estaba sincronizando el consuelo después del golpe bajo. Él lo había preparado de antemano para que yo no desmayara.
Es natural enojarse, pero Dios nos enseña que tiene el control de todo y que Jesús es la cabeza de la iglesia. No conviene disgustarse con los pastores que eligieron nuestras ovejas, las que cambian con rapidez a pesar de habernos jurado amor eterno.
Todas las vidas le pertenecen al Rey. Él gobierna con justicia.
Vivamos reconciliados con todos.
Muchas veces nos toca agachar la cabeza y pedir perdón sin causa. Lo hacemos porque sabemos que la relación no está sana.
Aprendamos de Jesús.
“Angustiado él y afligido, enmudeció y no abrió su boca…”
“Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”
Evita el chaleco de fuerza
Muchas veces solemos estar, de repente, en medio de fuegos cruzados. No sabemos bien de qué se trata, pero ahí estamos en medio del conflicto. Aprendamos a ser pacificadores y maestros del bien, a tener siempre un espíritu perdonador. Es la única manera de sobrevivir con un corazón sano. Muchas situaciones se deben tomar con un poco de humor. Debemos ser naturales.
Dejemos de ser tan solemnes, colguemos la ropa del domingo. Que nos conozcan con el delantal, sin maquillaje. Déjate descubrir, déjate amar. Baja las defensas. Aprende a jugar, vuelve a ser una niña, acepta los mimos.
Te lo digo en serio… Es el único camino para que puedas durar mucho en este llamado. Es esto o un chaleco de fuerza.
Pero te cuento algo lindo, un mimo del Amado. Al cumplir las bodas de plata, me encontraba sola. Fortuitamente, en las fechas claves de nuestro matrimonio estábamos lejos uno del otro. Menos mal que para nosotros eso no tiene ninguna importancia. Juan estaba enseñando en un instituto Bíblico en Bielorrusia. Estuvo ausente por casi dos meses.
Así que invité a mis amigas de la iglesia. Hice una rica comida, tomamos helados y nos reímos muchísimo. Para que no extrañara mucho a Juan, me regalaron un canario, al que bautizamos “Juancito”.
Todas juntas nos fuimos al culto. Predicaba yo, así que fue la oportunidad de agradecer al Señor por los 25 años de matrimonio. Cuando salimos del templo, se vino una tormenta y un aguacero que apenas podía llegar a casa.
Lo primero que hice fue fijarme si en el contestador tenía alguna llamada de Juan. No había ninguna. Miré el reloj, casi la medianoche. En eso tocan el timbre de casa. Me dio un poco de temor, así que miré por la ventana. Se veía a alguien debajo del paraguas, con un ramo de rosas. Venia de una florería del centro, con dos docenas de pimpollos de rosas rojas aterciopeladas. ¡Jamás había recibido algo tan bello! No traía tarjeta; solo debía firmar un comprobante.
Lo miraba y lo miraba embelesada, pensando que Juan habría ordenado el regalo por teléfono. Cuando por fin me pude comunicar con él, le pregunté cómo lo había mandado.
Se largó a reír y me dijo: “La verdad, mami, no me había acordado”. ¡Menos mal que estaba a 17.000 km. de casa! Pero Aquel a quien sirvo y amo tenía un ángel por estos barrios de Córdoba.
Tomado del libro: CORAZÓN DE DIAMANTE
Autor: Lidia Lewczuk de Masalyka
Editorial: Los Elegidos

Deje su respuesta!