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LA OTRA MEJILLA

Publicado por: admin on Thursday, 23 April 2009Sin Comentarios

perdonar

 

Había un monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña. Sus monjes eran pobres pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos de la cristiandad muy valiosos.

Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaban a conocer los tres rollos, únicos en el mundo. Eran viejos papiros, con fama universal con importantes y profundos pensamientos

 

En cierta oportunidad un ladrón robó dos rollos y se fugó por la ladera. Los monjes avisaron con rapidez al Abad. El superior, como un rayo, buscó la parte que había quedado y con todas sus fuerzas corrió tras el agresor y lo alcanzó: – “¿Qué has hecho? Me has dejado con un solo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a leer un mensaje que está incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. O me das lo que es del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa”. -”Padre, estoy desesperado, necesito urgente hacer dinero con estos escritos santos”, dijo el ladrón. El Abad le contestó -”Bueno, toma el tercer rollo. Sino se va a perder en el mundo algo muy valioso. Véndelo bien. Estamos en paz.” y lo dejó ir con el tesoro.

Los monjes no llegaron a comprender la actitud del Abad. Estimaron que se había comportado débil con el ladrón, y que era el monasterio el que había perdido. Pero guardaron silencio, y todos dieron por terminado el episodio.

 

La grandeza del perdón

 

Cuenta la historia que a la semana, el ladrón regresó. Pidió hablar con el Padre Superior: -”Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Le pido en cambio que me permita ingresar como monje. Cuando usted me alcanzó, yo me esperaba todo menos que tuviera la generosidad como para darme el tercer rollo, la confianza en mí como para creer el valor de mi necesidad y que todavía me dijera que estábamos en paz, perdonándome con mucha sinceridad. Eso me ha hecho cambiar. Mi vida se ha transformado”.

Nunca ese hombre, había sentido la grandeza del perdón, la presencia de la generosidad excelente. El Abad recuperó los tres manuscritos para beneficio del monasterio, ahora mucho más concurrido por la leyenda del robo y del resarcimiento. Y además consiguió un monje trabajador y de una honestidad a toda prueba.

El agresor espera agresión, no una respuesta creativa, inesperada, insólita. No sospecha la conmoción del poder incalculable de poner la otra mejilla. “Al que te hiera en una mejilla, presentale también la otra….” Lucas 6:29 a

 

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