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La dura tarea de hablar en público

Publicado por: admin on Wednesday, 22 April 2009Un Comentario

hablar-en-publico2¿Sabía que el hablar en público esta considerado el segundo miedo más fuerte, después del temor a las serpientes?

Un informe tras otro menciona a la acción de hablar en público como uno de los principales temores que tiene la mayoría de las personas. A decir verdad, la encuesta más reciente de Gallup acerca del tema pone esta acción de hablar en público como el segundo temor de la gente. El temor que le antecede es al de las serpientes.

En las escuelas, universidades, empresas, iglesias, la mayoría de las personas siente terror ante el simple pensamiento de tener que dar un informe oral, o una conferencia. / Cuando son adultos, les sudan las manos y les tiemblan las rodillas / cuando tienen que pararse y dar una presentación en el trabajo o dar una lección en su clase de Escuela Dominical.

Sin embargo, a pesar de los sombríos informes, hay muchas personas que piensan que ser orador debe ser algo divertido y glamoroso. Escuchan los aplausos, observan los elogios y ambicionan la atención. Durante los últimos veinticinco años en nuestro seminario de “Class”, me he visto envuelta en capacitar a la gente para mejorar sus habilidades comunicativas tanto en el mundo oral como el escrito.

Algunos se ven obligados a hablar en público
Aunque los conceptos que se presentan en el programa le ayudan a cualquiera a mejorar sus habilidades básicas de comunicación, casi todos los asistentes aspiran a ser oradores. Con el paso de los años, hemos capacitado a más de diez mil hombres y mujeres para que sean oradores (un gran número cuando se considera que hablar en público es algo a lo que le teme la mayoría de la gente).

Luego están las personas que no desean ser oradoras, pero que no les ha quedado otro remedio de asumir este papel. Tal vez sucediera algo drástico en sus vidas y, como resultado, otros los invitarán a contar su historia. Quizá Dios hizo algo en sus vidas que les provocó tanto entusiasmo que no pudieron quedarse callados. O a lo mejor su iglesia se quedó sin gente dispuesta a enseñar en la Escuela Dominical y los reclutaron sin opción. En nuestro seminario muchas veces la gente cuenta que siente que Dios las empuja “pataleando y gritando” hacia el micrófono desde una plataforma pública. Como quiera que lleguen allí, a las buenas o a las malas, terminan en alguna forma en el escenario.

Las motivaciones adecuadas
Sin importar cuáles sean las razones por las que nos veamos hablando ante una audiencia, cuando analizamos los principios básicos de la comunicación pública, una de las primeras cosas que debemos revisar es nuestra motivación. ¿Por qué queremos estar a la vista del público? / Cuando nos embarcamos en la comunicación pública, asumimos una posición de liderazgo y nos exponemos a un examen más extremo que el que enfrentan los demás. /

Santiago 3:1 dice: “No os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que tendremos que soportar mayor condenación”. Puedo dar fe de la validez de este versículo. Cuando nos paramos frente a una audiencia, nos convertimos en el blanco de cualquiera que no esté de acuerdo con nosotros. Siempre me asombra la única persona entre mil que se siente obligada a enfrentarme con su percepción negativa de lo que he dicho.

“¡Usted no usó la Biblia!”
He aprendido muchas lecciones a los golpes como resultado de pararme frente a una multitud y abrirles mi corazón. Recuerdo una carta difícil que recibí luego de hablar todo el fin de semana en medio de mujeres. Tenía dos páginas, escritas a mano con letra pequeña. Al abrirla y darle una ojeada a las primeras líneas, supe que no se trataría de la típica carta de “gracias por lo que nos dijo”. A medida que leía, sentía que el nudo que tenía en el estómago era cada vez más fuerte. Lo básico de la carta era que no había usado lo suficiente la Escritura en mis presentaciones. Como he aprendido a considerar todas las críticas para ver si tiene validez, revisé mis notas.

Durante el fin de semana, presenté cuatro mensajes diferentes. En esos mensajes, usé un total de treinta y ocho versículos bíblicos distintos. Me quedé sorprendida ante la gran cantidad, porque soy más una oradora basada en la motivación de los principios bíblicos que una maestra de la Biblia. Sin embargo, al expresar los diversos pasajes de la Escritura, los recité de memoria o los leí de mis notas. Entonces, como nunca leía de una verdadera Biblia física, solo pude suponer que esta mujer percibió que no la usé.

Luego de revisar la situación, me di cuenta de que no debía tomarme a pecho ese comentario. Aun así, me dolía. Además me hizo reconsiderar para qué clase de sucesos (y audiencias) se adaptaba mejor mi estilo de exposición. No obstante, aun de mayor importancia fue que esta mujer me enfrentó al hecho de que nuestra motivación de ser oradores públicos debe ser pura y estar arraigada en nuestro deseo de crecer en la imagen de Cristo. Si nuestras metas y propósitos de ser oradores nos son puros, nunca sobreviviremos; hacerle frente a estas dificultades nos cansará y nos llevará al agotamiento.

Tomado del libro: Enriquece tu comunicación
Autores: Marita y Florence Littauer
Editorial: UNILIT

Un Comentario »

  • Diego (author) dijo:

    este comentario es una prueba

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