Despojémonos de la necesidad de complacer a otros
Por Cynthia Heald
Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. Gálatas 1:10
El confiar en Dios implica perder nuestra agenda, nuestra antorcha encendida, de manera que muramos a nuestra tendencia de vivir una mentira. Requiere que perdamos nuestras formas de relacionarnos que son rígidas, autoprotectoras y deshonran a Dios, para poder abrazar la vida tal como debe ser vivida: en humilde dependencia de Dios y en apasionado compromiso con otros. Dan Allender.
Para muchos de nosotros, el despojarnos de nuestra inclinación a vivir buscando la aprobación de los demás resulta ser un gran alivio.
Es difícil concentrarse en correr nuestra carrera para la gloria de Dios cuando siempre estamos mirando en derredor par ver si otros están complacidos con nuestra actuación.
El estar atados a los sentimientos y caprichos de la gente es un peso que debe ser enfrentado y descartado.
Nancy Groom denomina “adictos a la aprobación” a aquellos que buscan complacer a la gente. La necesidad de buscar constantemente la aceptación de otros sólo conduce a mayor esclavitud y nuestras necesidades profundas no serán satisfechas.
Sólo el Señor puede satisfacer plenamente nuestros anhelos internos. El fijar nuestros ojos en Jesús y solo en Él nos permite recibir su amor incondicional e inmutable. Luego su amor nos capacita para relacionarnos libremente con otros de una manera adecuada para poder disfrutar de verdadera comunión.
Necesitamos recibir ánimo, consejos y amor los unos de los otros. ¡Sería difícil correr una carrera si no tuviésemos alrededor nuestro a otros que mostrasen interés en nuestro progreso! Este saludable sentido de reciprocidad surge de nuestra completa seguridad en Cristo. Al ir relacionándonos bíblicamente con la gente, nuestra carrera se vuelve una experiencia de gran libertad y placer.
Liberémonos de gustar a otros
1. Juan 12.42-43 provee un ejemplo de personas cediendo ante la presión de sus semejantes. ¿Por qué piensas que respondieron como lo hicieron?
2. ¿De qué manera describirías tus tendencias a vivir en busca de la aprobación de otros en lugar de la de Dios?
Los “adictos a la aprobación” viven como rehenes de las opiniones y juicios de otras personas con respecto a sus pensamientos, motivaciones, sentimientos o conductas.
Los que buscan aprobación caen bien; es necesario que así sea… Pero el complacer a la gente no es de Dios, ni es saludable. Los complacientes por lo general acaban por sentirse usados, despreciados e impulsados a llegar a hacer de todo para todos para poder mantener su imagen y recibir aprobación constante. /Aparecen como dadores, pero en realidad son esclavos de su necesidad insaciable de ser admirados./ Nancy Groom
3. ¡Nadie podría acusar a Pablo de ser un buscador de aprobación! Su pasión era agradar a Dios. Estudia 1 Tesalonicenses 2:1-12. Describe las formas en que Pablo se relacionaba con los tesalonicenses en libertad en lugar de hacerlo por necesitar su aceptación.
4. Pablo escribió: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número” (1 Corintios 9.19). ¿Qué cosa revela 1 Corintios 2.1-5 acerca del motivo por el que Pablo estaba libre para ser vulnerable e involucrarse íntimamente en las vidas de otros?
5. Si pudieras adoptar e incorporar a tu vida la libertad de Pablo al relacionarte en reemplazo de tus tendencias buscadoras de aprobación, ¿de qué manera cambiaría tu vida?
Nuestra unión con Jesús es la base del vínculo con nuestros hermanos en Cristo. Por causa de ese vínculo tan vital y real, podemos vivir los unos con los otros en una intimidad que resulta imposible en cualquier otro entorno. Lawrence Richards
Corramos en comunión con otros
Nuestra plenitud en Cristo nos capacita para ser una parte integral del cuerpo de creyentes de manera que podamos exhortar, animar y servirnos los unos a los otros. No nos apartamos de la gente por el hecho de que Cristo sea nuestra suficiencia; más bien, su suficiencia hace que nos lancemos en confianza arriesgándonos a la intimidad con los demás.
6. ¿Qué cosa nos enseñan los siguientes pasajes con respecto a cómo hemos de participar de esta vital comunión de creyentes?
Juan 13.34-35; 1 Tesalonicenses 5.14-15; Hebreos 10.23-25
Agrada a tu prójimo, pero no en todo. Porque no es una regla ilimitada; sino para su bien, especialmente para el bien de su alma: no con el fin de complacerlo sirviendo a sus deseos malvados, y agradándolo de una manera pecaminosa, o cediendo ante sus tentaciones, o permitiendo que el pecado lo venza.
Este es un modo bajo y perverso de complacer a nuestro prójimo llevando su alma a la ruina: si agradamos a los hombres de esta manera, no somos siervos de Cristo. Complácelo para su bien, no para nuestro bien secular, ni para hacer de él una presa, sino para su bien espiritual, para edificación. Es decir, que no sea sólo para su provecho sino para el de otros, para la edificación del cuerpo de Cristo, con la intención de ayudar el uno al otro .Matthew Henry
7. Según tu parecer, ¿cuáles son tus áreas más fuertes y las más débiles en la comunión con otros creyentes?
Fijemos nuestros ojos en Jesús
8. Jesús dijo: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29). El Señor amaba y ministraba profundamente a la gente, pero nunca rebajó la verdad ni su misión por causa de lo que podría pensar la gente. Lee estos pasajes de las Escrituras y describe cómo se relacionó Jesús con los fariseos y con la multitud.
Mateo 9.9-13; Marcos 1.35-38
9. ¿Cómo puedes seguir el ejemplo de Jesús en tu relación con la gente?
Nuestro Señor… nunca fue desconfiado, nunca estuvo amargado, nunca se desesperó por causa de ningún hombre, porque puso a Dios en el primer lugar de su confianza.
Él confiaba absolutamente en lo que la gracia de Dios podía hacer por cualquier hombre. Si primeramente pongo mi confianza en los seres humanos, acabaré desesperanzado por todos; me amargaré, porque he insistido en que el hombre sea lo que ninguno puede llegar a ser jamás: absolutamente recto.
Nunca confíes en nada excepto en la gracia de Dios dentro de ti o dentro de cualquier otro.
Esto me pasó
Hace varios años fui oradora en un seminario y por casualidad leí varias de las evaluaciones. Algunos de los comentarios sobre mí no eran demasiado favorables: no era divertida; era demasiada seria. Y por ser complaciente, ¡también quedé devastada! Me presenté al Señor y dije: “Es suficiente, Señor, tomo voto de silencio; nunca volveré a hablar en público”.
Durante los próximos días, Dios comenzó a hablar a mi corazón con mucha suavidad. Esto es lo que escuché: “Aparentemente lo único que te preocupa es si le caíste bien a la gente o no. ¿Tiene importancia para ti lo que yo pienso? Si yo estoy complacido con lo que haces, ¿te basta? Si yo deseo que hables y nadie responde, ¿hablarás sólo para mí?”
No ha sido fácil despojarme de mi tendencia a complacer a la gente. Aún estoy en el proceso, pero estoy empezando a experimentar la increíble libertad que resulta de soltar esa carga en mi vida. Al apropiarme del insondable amor del Señor por mí y apuntar mi corazón a agradarle sólo a Él, entonces descubro que puedo dar de mí a otros como nunca pude hacerlo con anterioridad cuando estaba dedicada a lograr su aprobación. Necesito ser sensible y franca a las opiniones de otros, pero ya no me paralizo por no haber complacido a todos.
Ahora puedo hablar la verdad en amor y con confianza. Puedo tener comunión y servir en libertad. También ser vulnerable y rendir cuentas ante los demás porque no estoy a la búsqueda de quedar bien, ni actúo con el fin de ser aceptada. Realmente aprecio y valoro comentarios positivos de las personas, pero ya no me resultan indispensables para correr mi carrera.
Tu reflexión
Tómate unos minutos para reflexionar en oración sobre tu necesidad de dependencia de Dios, tus patrones de búsqueda de aprobación y tu deseo de comunión bíblica con otros. Anota lo que sientes que el Señor te está diciendo, o cómo deseas que Él te libere para alcanzar mayor seguridad en Cristo y verdadera comunión con las personas.
Memorización sugerida de las Escrituras
Gálatas 1.10
Tomado del libro: Cómo ser una mujer libre en Cristo
Autora: Cynthia Heald
Editorial: BETANIA

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