¿Cómo tomar decisiones basados en La Biblia?

Cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles en donde debemos decidir cosas importantes, debemos saber que la Palabra de Dios ofrece cinco claves para tomar el mejor camino
El miedo me pinchó internamente cuando mi esposo Juan se sentó en el sofá. Sentí que esto no iba a ser algo simple. Sentí que quería decirme algo importante.
Mientras Juan hablaba yo pude captar el dolor detrás de cada palabra.
“No sé si puedo seguir trabajando en el canal de televisión”, dijo con pesadumbre.
Hacía poco que había entrado como jefe de operaciones en un nuevo canal de televisión, luego de un largo período de desempleo. Ahora sabía que ellos iban a pasar películas pornográficas y programación “para adultos” a fin de conseguir un buen pedazo de torta de la televisión privada (cable).
Él no tenía autoridad para cambiar la programación. Tampoco tenía que ver por anticipado la programación pero podía mandar que otra persona lo hiciera. De todos modos, si él seguía trabajando se entendería como si él estuviera respaldándolas.
La idea de dejar el empleo por cualquier razón me aterrorizaba. Habiendo crecido en la pobreza, me sentía segura solamente si sabía que tendríamos el sueldo cada mes. Aunque yo complementaba nuestro ingreso, no alcanzaba ni siquiera para mantenernos. Además, Juan tenía cincuenta y seis años de edad. ¿Cómo podría encontrar otro trabajo a su edad?
Conversarlo juntos
Lo hablamos juntos en la forma que lo hacíamos en casi toda decisión importante. Ciertamente era su trabajo y su opción pero en nuestro matrimonio siempre habíamos sido muy compañeros y muy abiertos el uno con el otro. En las semanas que siguieron ambos oramos sobre si debía o no renunciar.
En las tardes nos sentábamos en el sofá, con el perrito en su cesta a nuestros pies y repasábamos las preguntas:
“¿Debería él renunciar a su cargo debido a la programación pornográfica? ¿Era socialmente aceptable hacer lo que estaba haciendo?”
“¿Era él, como empleado, responsable por obedecer órdenes?”
“¿Estaba libre de culpa porque no tenía que revisar las películas por sí mismo y no era él quien decidía la programación?”
“¿Quería renunciar porque no le gustaba el trabajo y estaba usando el tema moral solamente como pretexto?”
Esta no era la primera vez en que teníamos que tomar tal decisión. Veinticinco años antes –justo después de convertirnos en cristianos– él trabajaba como gerente de tráfico de una compañía de aluminio. Se esperaba que, en ese cargo, mintiera sobre las fechas de entrega: “Con toda seguridad, su despacho está en camino”,decía, aunque supiera que la carga seguía en bodega. Cuando se convirtió en cristiano, las mentiras se le atravesaban en la garganta.
Esa vez, oramos por separado en busca de guía y no pasó mucho para que acordáramos que debía renunciar. Lo hizo.
Pero decidir hacer eso era más fácil a los treinta que a los cincuenta y seis. Yo necesitaba principios bíblicos concretos en que apoyarme para, si Juan renunciaba y no aparecía un trabajo nuevo y se acababa el dinero, yo supiera aún que obedecimos la verdad.
Principio clave
El Nuevo Testamento proporciona principios claves, listos, que dan guía moral en situaciones como ésas. Los cinco específicamente manifestados son estos:
1. Sal y luz
2. La regla dorada
3. Libertad
4. El hermano/ hermana débil
5. Amor
Cada principio clave es un resumen de enseñanzas sobre un tema en particular. Como todos los principios, pueden aplicarse a una amplia gama de situaciones. No se trata de que sean extractos de la Biblia estilo Selecciones para los que no tienen el tiempo ni la tendencia a leer todo el libro Mi evangelio es la regla de oro. Son verdades centrales reducidas a su esencia por un Dios que sabe que eso es lo que necesitamos.
1.- Sal y luz.
Estos dos conceptos son parte del Sermón del Monte de Jesús. “Vosotros sois la sal de la tierra (Mateo 5:13) “Vosotros sois la luz del mundo” (versículo 14).
Él acababa de explicar que la gente más bendecida o feliz, es por ejemplo, quienes reconocen su pobreza de espíritu, muestran misericordia, son puros de corazón, y son pacificadores (versículos 1-10). Él siguió diciendo que los hombres y las mujeres que viven así son como sal y luz en el mundo.
¿Por qué sal? Es una sustancia que crea sed y preserva contra la corrupción. El cristiano “es un freno, un control, un antiséptico de la sociedad”, explica D. Martyn Lloyd Jones.
La luz expone el polvo y la suciedad, el sol revela al polvo y las pelusas escondidas a salvo en un día gris.
“Un hombre que viva y funcione verdaderamente como cristiano se destacará. Será como sal… como… una vela puesta en un candelabro. Si hacemos lo que nos es natural por ser partícipes de la vida de Dios, revelaremos el polvo y la suciedad y haremos que la gente tenga sed de justicia”.
Así que cuando enfrentamos una opción moral, (como la del canal) tenemos que preguntarnos: “¿Esta es una oportunidad para ser sal y luz?” Eso es lo que alguien cercano a mí tuvo que preguntarse cuando fue a una audición para un papel en la obra Cándida.
“No había leído el libreto pero cuando vi el contenido, sentí que era demasiado atrevido para que yo me asociara con esto. Así que le dije al director que me iba de la audición y le dije el porqué”
2.-La regla de oro
“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12) Este principio se amplía con lo que está antes. En este caso, es la declaración anterior de Jesús sobre juzgar al prójimo, versículos 1-6.
El estaba diciendo esto: En lugar de juzgar despiadadamente al prójimo ponte en su lugar. Eso es lo que yo tuve que hacer cuando trabajé de vendedora y me dijeron que vendiera productos “frescos” que, en mi opinión, ciertamente no lo eran. ¿Querría yo gastar mi dinero en productos como estos?
Como mi respuesta fue un no absoluto, empecé a orar sobre qué hacer. Antes que fuera a confrontar a mi supervisor, me dieron permiso para revisar la fecha de vencimiento de los productos en los estantes y separar los vencidos. Si Dios no hubiera intervenido, yo hubiera tenido que hablar y pagar las consecuencias y renunciar a ese trabajo.
3.- Libertad
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5:1). La moral fue cuidadosamente legislada en el pacto del Antiguo Testamento. Además de los Diez Mandamientos, Dios dio instrucciones específicas para aspectos específicos de la vida de un israelita, desde la purificación después del parto hasta la conducta de la mujer durante la menstruación.
Esas leyes de relación, dietéticas, sociales y civiles no se aplican a los cristianos. Eso caducó. Cuando la Biblia no manda ni prohíbe algo, dice Merrill Unger, “la libertad cristiana puede ejercerse y debe permitirse” Tenemos la libertad de decidir por nosotras mismas, no para poder vivir en la frontera moral, sino para que tomemos la iniciativa para elegir la moral personal y vivir basados en ella.
La lista de lo malo y lo bueno
Pero tantas mujeres con quienes he hablado dicen que fueron criadas creyendo que se esperaba que se adhirieran a una lista de “si” y “no”.
“Mis padres y mi iglesia tenían una estricta lista de cosas que eran malas, como usar maquillaje, ir al cine, jugar a las cartas y cortarse el pelo. Hasta que tuve mucho más edad nunca supe que tenía la libertad de decidir esas cosas por mí misma”, me dijo una amiga.
La mujer que decidió no hacer la audición para la obra teatral Cándida dice: “Cuando recién me convertí en cristiana, me impresionó la idea de que era malo beber cualquier cosa con alcohol. Al pasar los años llegué a creer que era una norma cultural que había tomado de otros cristianos. Llegó el momento en que agregué un vaso ocasional de vino o cerveza al menú… Sintiendo que soy libre para hacerlo así”
Así, pues, no la usaremos indiscriminadamente, pues en la Escritura la Ley de la Libertad está asociada con otro principio clave, que es el principio que tiene en cuenta la debilidad de otros hermanos.
4.- El hermano o la hermana más débil.
“Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles” (1 Corintios 8:9).
El problema de los primeros cristianos no era si mirar o no las últimas novelas subidas de tono o detenerse a mirar en un comercio de productos eróticos sino comer o no carne que había sido sacrificada a los ídolos (Romanos 14:1-15). Habitualmente los griegos y los romanos quemaban algo del sacrificio como parte de su ritual religioso pagano y guardaban los mejores cortes de la carne para servirlos en un banquete. El resto se vendía en el mercado.
Algunos cristianos, como Pablo, concordaban en que sacrificar un animal a un ídolo que ni siquiera existe no puede volver malo al asado que de ahí sale. Pero, era pecado para otros, comer eso en el almuerzo dominical o en un banquete comunitario.
Así que esta es la guía general que dio Pablo:
Que nada es inmundo en sí mismo; más para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. (Versículos 14-15)
Influir a alguien a que actúe contra su conciencia es hacerle un daño grave.
La clave es no confundir a otros
A una escritora amiga le gustaría servir vino en las cenas familiares pero nunca lo hace porque uno de sus hijos mayores es alcohólico. Hacerlo no sólo sería piedra de tropiezo para su hijo sino que también parecería dar permiso para beber a la persona.
Cuando nos refrenamos de algo en que sentimos que tenemos libertad, no es que cambien nuestras convicciones sino solamente nuestra conducta, como nos recuerdan Walvoord y Zuck. Y lo hacemos porque podemos influir a un cristiano menos sabio (o a uno que percibe en forma diferente las guías bíblicas) para que actúe contra su conciencia.
Esto es muy diferente a tratar de complacer las peculiaridades de cada persona.
“Cada domingo de mi adolescencia, una mujer mayor me llevaba en su automóvil a la iglesia –recordaba una amiga–, y cada domingo ella me decía que no aprobaba que yo me pintara los labios”
Esta mujer mayor no era una hermana más débil sino criticona que acostumbraba a juzgar duramente a todos los que no estaban de acuerdo con su punto de vista. “Fariseos” llama Garry Friesen a esa gente legalista. Gente que se ofende cuando no ha habido ofensa… el fariseo es un creyente profesante que tiene firmes convicciones, y debido a su orgullo, se ofende con quienes se resisten a sus presiones para ponerse de acuerdo con su punto de vista.
/ ¿Qué pregunta debemos hacernos cuando decidimos si vamos a sofrenar nuestra libertad debido a un hermano o hermana más débil? / “¿Esta es una acción que la Escritura no manda ni prohíbe pero que podría influir a alguien para que actuara contra su conciencia?” Ese el criterio que mi esposo Juan y yo usamos cuando decidimos, a comienzo de nuestras vidas cristianas, si beberíamos o no alcohol. Los amigos de la iglesia bebían moderadamente pero el portero, un joven que recién se había hecho amigo nuestro, tenía problemas con la bebida. No había caso: si tomábamos alcohol, él podría usar fácilmente el hecho para ir en contra de su mejor juicio y sencillamente él no podía beber.
5.- Amor
Un experto de la ley le preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más grande.
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:37).
Este principio clave no es una fórmula tibia ni difusa si tan sólo pienso con amor, lo que haga estará bien. Tampoco lo es la clase de amor popularizado por la ética situacional que se dobla como muñeco de goma para adaptarse a la ocasión.
El amor aquí escrito es ágape –completamente sin egoísmo y sacrificado. Jesucristo dio una perspectiva de sus dimensiones. Siempre hizo el mayor bien para el receptor. Por ejemplo, Él nunca lo usó como un manto para llevarse bien con todos ni para evitar la confrontación.
¿Cómo ponerlo en práctica?
¿Pero cómo podemos aplicar este principio general para que nos sirva para saber qué hacer ahora?
Preguntémonos: ¿Cuál alternativa mostrará más amor ágape a Dios y a las personas involucradas? Probablemente las alternativas parezcan oponerse. Me pareció eso al comienzo. ¿Si Juan hubiese mantenido su empleo, no hubiese mostrado amor por su familia al mantenerlo? Al mismo tiempo el sabía que estaría deshonrando a Dios al verse involucrado en programas eróticos.
Pero ¿en realidad iba a demostrar amor ágape por mi y por sus hijos si traicionaba su ética? Por supuesto que no. Si lo hacía, estaría enseñando que está bien transar con el mal para sobrevivir.
Dolores pasó un momento duro tratando de decidir cuál sería la acción más amorosa cuando su hijo homosexual quisiera venir a visitarla y trajera a su amante.
“La práctica de la homosexualidad es contraria a todo lo que yo creo. Pero no quiero alejar a mi hijo. ¿Cómo puedo influirlo por Dios si hago eso, si lo desprecio?”, se preguntaba.
Finalmente tomó la decisión de decirle a su hijo y compañero homosexual, que podían venir. Pero tendrán que estar en dormitorios separados. Ambos sabían cuáles eran sus convicciones sobre la homosexualidad. Ella decidió que la cosa más amorosa que ella podía hacer era permanecer firme. Ella no podía controlar la conducta de él fuera de la casa pero sí podía mientras él estuviera ahí. Al hacerlo así, ella mostraría amor por Dios al ser obediente a Él y por su hijo al confrontarlo con la maldad de su estilo de vida mientras que lo aceptaba amorosamente como persona.
Finalmente mi marido hizo su propia elección moral una mañana, después de varias semanas de orar y reflexionar en principios bíblicos clave. Presentó su renuncia al canal de televisión diciendo que se iba debido a sus normas personales y que sus convicciones le hacían inaceptable la programación.
Han pasado más de diez años desde Juan tomó esa decisión. Su postura sobre la programación “para adultos” le cerró muchas puertas en la televisión secular. ¿Lamentamos alguna vez nuestra opción? No. Por lo menos para nosotros fue la correcta. Pero cuando escaseó el dinero y atacaron nuestras emociones, como cuando tuve cáncer y no teníamos seguro de salud, nos preguntábamos si Dios iba a seguir supliendo nuestras necesidades.
Por supuesto que Él siempre lo hizo. Ahora, mirando para atrás en el tiempo, puedo decir honestamente que tuvimos el privilegio de haber tenido esa oportunidad para ser sal y luz, aunque fuera en una pequeña medida.
Tomado del libro: La mujer decidida
Autora: Florence Littauer
Editorial: UNILIT

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